Los dos problemas fundamentales de la ética, de Rodrigo García
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Foco 2026: Rodrigo García| Dirigido a: | Público general |
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Una videoinstalación que reclama la participación de los visitantes a partir de la lectura de fragmentos de la obra de Schopenhauer.
Esta obra ha sido creada para ser intervenida y, por eso, está instalada en un lugar de paso. Apela a la calma de los visitantes que diariamente circulan por La Casa Encendida reclamándoles que dediquen un rato de su tiempo, el que deseen, a la lectura de Los dos problemas fundamentales de la ética, de Schopenhauer, que estará allí disponible. Se les invita a señalar en el libro las frases o párrafos que le interesen y a que, acto seguido, los transcriban a mano en la pared junto a los dos monitores donde se proyectan vídeos creados para la ocasión.
Un extracto del texto de Schopenhauer dice:
También puedo ir al teatro, o visitar a cualquier amigo, y hasta marcharme de la ciudad, irme por el mundo, y no volver nunca... todo eso depende de mí; tengo libertad para obrar a mi antojo, pero no haré nada de eso, y me meteré voluntariamente en mi casa, donde me estaré con mi mujer.
Lo mismo es eso que si dijera el agua:
—Puedo levantarme ruidosamente en altas olas (sí, cuando la tempestad agita el mar), o bajar en precipitada carrera, atropellándolo todo a mi paso (sí, en el cauce de un torrente), o caer entre borbotones y espuma (sí, en una cascada), o elevarme por los aires, libre como un rayo (sí, en un surtidor), o evaporarme y desaparecer (sí, con 100 grados de calor): pues nada de eso haré, sino que por mi gusto permaneceré tranquila y límpida en un lago.
Como el agua no puede transformarse así más que cuando causas determinantes la llevan a uno u otro de esos estados, de igual modo no puede el hombre hacer lo que cree que está en su mano más que cuando a ello le determinan motivos particulares. Hasta que intervenga una causa, no le es posible ningún acto; pero cuando obran éstas sobre él, debe, lo mismo que el agua, hacer lo que exijan las circunstancias correspondientes a cada caso.
Arthur Schopenhauer