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Y me convierto en un río, cuya lengua marrón no descansará

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Inéditos 2026
16 may - 25 jul
Ubicación: Sala C
Cortesía de la artista y la galería Carlier | Gebauer. Fotógrafo Roberto Ruiz
Cortesía de la artista y la galería Carlier | Gebauer. Fotógrafo Roberto Ruiz
Cortesía de la artista y la galería Carlier | Gebauer. Fotógrafo Roberto Ruiz

Comisariada por Raquel Algaba, (Madrid, 1992)

Artistas: Cecilia Fiona, Leticia Martínez Pérez, Leonor Serrano Rivas y Lola Zoido.

En nuestra relación contemporánea con la naturaleza, plantas y sistemas técnicos se entrelazan, transformando tanto el entorno como nuestra propia conciencia. Las obras reunidas en este proyecto exploran esa condición liminal, desplazando la centralidad de la voz antropocéntrica hacia formas más amplias de comprender lo que nos rodea y a nosotros mismos. Así, generan nuevas interacciones entre arte, naturaleza y tecnología, y configuran otros regímenes de percepción.

Lejos de entender la naturaleza como un fondo pasivo, la propuesta curatorial la concibe como un sistema activo de relaciones, capaz de percibir, adaptarse y responder a las transformaciones de su entorno. En un contexto marcado por la crisis ecológica y la tecnificación creciente del mundo, lo biológico y lo computacional dejan de operar como esferas separadas para configurarse como sistemas interdependientes, donde sensores, infraestructuras y organismos vivos comparten un mismo tejido de interacción.

Desde esta perspectiva, la propuesta curatorial plantea un desplazamiento: ya no se trata únicamente de pensar cómo la tecnología transforma la naturaleza, sino también de cómo la naturaleza incorpora y reconfigura esos sistemas en sus propios procesos de adaptación. Este giro implica una reconsideración de la conciencia, entendida no como una cualidad exclusivamente humana, sino como una red distribuida de respuestas, percepciones y relaciones.

La exposición se articula a través de las prácticas de cuatro artistas que, desde distintos lenguajes, abordan estas cuestiones. Las instalaciones y pinturas de Cecilia Fiona imaginan ecosistemas híbridos en los que cuerpos, organismos y materia se entrelazan en procesos de transformación continua, proponiendo una visión del mundo basada en la interdependencia y la coexistencia.

En diálogo con estas formas de vida especulativas, Leticia Martínez Pérez construye estructuras que oscilan entre lo orgánico y lo artificial, activando mecanismos perceptivos que desplazan la interpretación hacia el espectador y revelan la ambigüedad de los sistemas de representación. Sus obras sitúan la naturaleza como un campo de signos donde belleza y peligro, atracción y extrañeza, coexisten.

Por su parte, Leonor Serrano Rivas desarrolla dispositivos escultóricos que combinan procesos científicos, materiales orgánicos y referencias simbólicas para generar entornos en constante transformación. Sus piezas funcionan como sistemas vivos en los que la materia circula, se altera y se reorganiza, desdibujando los límites entre lo natural, lo técnico y lo alquímico.

Finalmente, Lola Zoido investiga la relación entre paisaje y tecnología a través de herramientas digitales como la modelización 3D o la realidad virtual, dando lugar a formas que oscilan entre lo físico y lo simulado. Sus obras abordan la fragilidad de un entorno cuya existencia se encuentra mediada por procesos de captura, traducción y reconstrucción algorítmica.

La propuesta curatorial concibe el espacio expositivo como un invernadero expandido, donde cada instalación desarrolla su propio microclima y ritmo de crecimiento. Este dispositivo, históricamente vinculado a la experimentación y la anticipación, se activa aquí como un lugar desde el que ensayar otras formas de relación con el entorno. En su interior, pequeñas variaciones generan nuevas configuraciones, permitiendo imaginar futuros posibles más allá de una lógica de control o explotación.

La sala se convierte en un paisaje vivo, donde las piezas se integran como parte de un ecosistema en resonancia. Un espacio de experiencia que invita a repensar nuestra relación con la naturaleza desde el cuerpo.

Más que ofrecer respuestas, la exposición propone un cambio de sensibilidad: una invitación a habitar un mundo en el que la percepción, la materia y la vida se entienden como procesos interconectados, abiertos y en constante transformación.

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