Inéditos 2026
Las dos exposiciones producidas en esta edición son "Kumusta na kayo?", comisariada por Álvaro Talavera (Murcia, 1992), y "Y me convierto en un río, cuya lengua marrón no descansará", comisariada por Raquel Algaba, (Madrid, 1992).
Inéditos impulsa a jóvenes comisarios y comisarias en su entrada al circuito profesional, facilitando la producción de su primera exposición. En sus veintitrés ediciones, la Fundación Montemadrid ha apoyado a más de 60 comisarios emergentes, acompañando sus proyectos desde la producción hasta la publicación de catálogos y su difusión.
Por Inéditos han pasado artistas, investigadores, docentes, gestores, productores culturales y comisarios independientes que hoy en día cuentan con una gran proyección a nivel nacional e internacional como Juan Canela, Emma Brasó, Ángel Calvo Ulloa, Luisa Espino, Irina Mutt o Neme Arranz.
Los proyectos expositivos seleccionados en esta edición son:
Kumusta na kayo?, comisariada por Álvaro Talavera (Murcia, 1992)
Kumusta na kayo? reúne a cinco artistas y colectivos filipinos que exponen en España por primera vez. A través de diversos medios —como la fotografía, la autoedición, la instalación de vídeo, la pintura colectiva y el arte en Internet—, la exposición narra las formas de vida en la Manila contemporánea a partir de su paisaje urbano.
Con la megalópolis como escenario y, al mismo tiempo, como metáfora, las obras resignifican las huellas de la colonización mediante relatos de resistencia, identidad y memoria. En un gesto de descentralización del relato colonial, la exposición se plantea como un espacio de interpelación desde el cual los artistas reclaman y ejercen el derecho a narrar su propio país y su propia historia.
Y me convierto en un río, cuya lengua marrón no descansará, comisariada por Raquel Algaba, (Madrid, 1992)
En nuestra relación contemporánea con la naturaleza, plantas y sistemas técnicos se entrelazan, transformando tanto el entorno como nuestra propia conciencia. Las obras reunidas en este proyecto exploran esa condición liminal, desplazando la centralidad de la voz antropocéntrica hacia formas más amplias de comprender lo que nos rodea y a nosotros mismos. Así, generan nuevas interacciones entre arte, naturaleza y tecnología, y configuran otros regímenes de percepción.
La propuesta curatorial concibe el espacio expositivo como un invernadero expandido, donde cada instalación desarrolla su propio microclima y ritmo de crecimiento. Las peanas ondulantes evocan un terreno vivo en el que las piezas no solo se sostienen, sino que se integran como parte de un ecosistema en resonancia. De este modo, la sala deviene un paisaje simbólico: un espacio de mediación y experiencia compartida que invita a repensar nuestra relación con la naturaleza.